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Alfombras
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Qué alfombra elegir y qué función cumple en el hogar
Una alfombra es una pieza textil que se coloca sobre el piso para aportar confort térmico, aislación acústica y definición visual de los espacios. Funciona como elemento de transición entre el piso duro y el uso diario: amortigua pisadas, reduce el ruido de impacto y delimita zonas funcionales dentro de una misma habitación.
Además de su función práctica, la alfombra define el carácter decorativo del espacio. Un modelo en tonos neutros como grey, white o beige integra distintos estilos de mobiliario sin competir visualmente, mientras que las opciones con textura o patrón se convierten en el punto focal de la habitación, especialmente cuando se combinan con alfombras grandes en áreas sociales.
Tipos de construcción: tejido plano, de nudos y trenzada
La alfombra de tejido plano se fabrica entrelazando hilos en trama y urdimbre sin generar pelo. El resultado es una superficie delgada, liviana y reversible, lo que permite girarla para distribuir el desgaste y duplicar su vida útil. Es la construcción más frecuente en modelos de algodón, yute y polipropileno.
La alfombra de nudos tiene pelo anudado a la base, lo que genera una superficie más densa y acolchada. Las versiones hecha a mano alcanzan entre 40.000 y 160.000 nudos por metro cuadrado, con mayor durabilidad que las de máquina. La alfombra trenzada se confecciona enrollando y cosiendo cordones textiles en espiral, lo que produce una textura gruesa y resistente al tránsito intenso.
Materiales y su comportamiento según la zona de uso
La lana es el material más duradero para alfombras de alto tránsito: repele líquidos de forma natural, retiene menos polvo que las fibras sintéticas y mantiene su forma tras años de uso. El algodón ofrece suavidad y es lavable en la mayoría de los casos, pero se desgasta más rápido en zonas de paso frecuente.
El polipropileno y el poliéster son las fibras sintéticas más comunes. Resisten manchas, humedad y decoloración por luz solar, con un costo significativamente menor que las fibras naturales. Para espacios con necesidad de amortiguación extra, los modelos con espuma viscoelástica en la base ofrecen confort superior bajo los pies y absorción de impacto.
Formas y tamaños según el espacio
La forma rectangular es la más versátil y cubre la mayoría de las configuraciones de muebles en livings, comedores y dormitorios. Una alfombra de 240 x 300 cm es el formato estándar para un living con sofá de tres cuerpos y mesa de centro, donde se busca que todos los muebles principales apoyen sobre la superficie textil.
El formato de 150 x 210 cm funciona para dormitorios al pie de la cama o como alfombra de acento en espacios medianos. Las formas ovalada y circular aportan dinamismo visual en ambientes con líneas rectas predominantes. Para pasillo, las alfombras de pasillo de 60 a 80 cm de ancho protegen el piso en zonas de tránsito lineal.
Alfombras lavables y antideslizantes
Las alfombras lavables están diseñadas para soportar lavado en máquina o limpieza húmeda sin deformarse ni perder color. Utilizan fibras sintéticas o algodón pretratado con base de goma flexible. Son la opción recomendada para hogares con mascotas, niños o zonas donde el contacto con líquidos es frecuente.
La base antideslizante incorporada de fábrica o mediante una malla complementaria impide que la alfombra se desplace al caminar sobre ella. Esta característica es especialmente relevante en pisos cerámicos, porcelanato y madera pulida, donde una alfombra sin sujeción puede provocar resbalones y pliegues que dificultan el tránsito seguro. En estos casos, optar por alfombras antideslizantes mejora la seguridad.
Alfombras infantiles: seguridad y estimulación
Las alfombras de categoría infantil combinan base antideslizante, fibras hipoalergénicas y superficies lavables en un mismo producto. Sus diseños incorporan colores, formas y motivos que estimulan el juego y el aprendizaje, funcionando como zona de actividad definida dentro del dormitorio o la sala de juegos.
El espesor recomendado para uso infantil es de al menos 10 mm, suficiente para amortiguar caídas leves desde la altura de gateo o juego sentado. Los modelos con certificación libre de sustancias tóxicas garantizan que los tintes y adhesivos utilizados no representen riesgo por contacto prolongado con la piel, como ocurre en alfombras infantiles diseñadas específicamente para ese entorno.
Moqueta versus alfombra suelta
La moqueta es un revestimiento textil que cubre la totalidad del piso, fijado con adhesivo o tensado entre paredes. Ofrece aislación térmica y acústica completa, pero su instalación y reemplazo requieren intervención profesional. Es habitual en dormitorios y oficinas donde se busca confort uniforme en toda la superficie.
La alfombra suelta se coloca y retira sin fijación permanente, lo que permite cambiarla de posición, lavarla fuera del espacio y reemplazarla sin afectar el piso base. Para la mayoría de los usos residenciales, una alfombra suelta ofrece mayor flexibilidad y permite adaptar el tamaño según si se necesitan alfombras medianas o formatos más amplios.
Mantenimiento y limpieza según el material
La aspiración semanal es el mantenimiento básico para cualquier tipo de alfombra. Retira polvo, pelo de mascotas y partículas que se acumulan entre las fibras y aceleran el desgaste por abrasión. En modelos de pelo largo, se recomienda aspirar en la dirección del pelo para no dañar la estructura textil.
Las manchas frescas se tratan con paño absorbente y agua fría, sin frotar. Para limpieza profunda, las alfombras de polipropileno y algodón admiten lavado húmedo con detergente neutro. Las de lana y yute requieren limpieza en seco o productos específicos que no alteren la fibra natural. Con cuidado adecuado, una alfombra de buena calidad mantiene su aspecto entre 5 y 15 años según el material.












































































